Publicado el viernes 28 de septiembre de 2007 a las 09:03
Me encanta mirar a la gente y ver lo que hacen, imagino lo que piensan mientras esperan el metro, pasean tirando de sus perros o simplemente caminan ensimismados. Siento una especial alegría cuando veo a los críos hacer lo que mejor saben... ser ellos mismos.
Un niño no se aburre, cuando son bebés solo tienen que estirar sus manos y echarse uno de sus diminutos pies a la boca, cuando aprenden a caminar les basta un palo (de semáforo, o un árbol) lo cogen y se ponen a dar vueltas hasta que se marean, momento en el cual no muestran ninguna vergüenza en tirarse y revolcarse por el suelo. Son fantásticos, me encanta ver lo que se les ocurre. Hoy hablaré de uno de esos locos bajitos, uno, en mi opinión... especialmente especial... por ponerle un nombre, le llamaremos Fernandito.
Como diría Andrés Montes... "este tío es un crack!!", y lo digo con todo el respeto y la devoción que me infunde este chaval. Su inocencia y espontaneidad están años luz del resto. Coyote y yo hemos llegado a la conclusión de que este niño juega en otra liga, es un galáctico de las ocurrencias... y lo hace todo sin intención de ningún tipo, él sólo se dedica a ser él mismo. Cuando juega a hacer carreras no sigue ningún tipo de recorrido, claro, a él le han dicho que hay que llegar a aquel árbol desde este otro, pero no le han dicho que hay que ir en línea recta... así que se pone a dar vueltas, habla con las hormigas que se encuentran en su camino, pide perdón a las piedras por pisarlas y cosas así... es un genio.
No le importa saltar, bailar y demostrar lo feliz que está... deberíamos aprender todos de él a ser tan sinceros con nostros mismos, nunca se fija en las reacciones de los demás... si quiere saltar, salta; si quiere bailar, pues baila... es todo tan sencillo...
Ante tales muetras de sencillez y originalidad... qué otra reacción cabe esperar sino el asombro de todo aquel que le observa?... seguido de un tremendo descojone, pero ¡cuidado!, no es esa risa burlona y faltona... es de incredulidad (seguro que os reís cuando un mago hace un truco genial... pues él es ese mago).
Es impresionante, porque él hace gracia sin saberlo, él no sabe por qué se ríen los mayores, él se ríe cuando gana un juego, cuando pinta un dibujo o hace un taller. Simplemente fantástico. Sé que parece un niño normal, seguramente lo sea... pero hay que convivir con él para ver lo maravilloso de su pensamiento, espero que siempre vea las cosas con la misma sencillez.
Nunca se me olvidará el juego de relevos, Fernandito saltando a la comba como buenamente podía, emocionándose hasta límites incomprensibles por meter un aro en un palo, animando a sus compañeros de equipo, despistado y sin dar el relevo al siguiente compañero que tenía que salir... mientras, Coyote estaba literalmente en el suelo riéndose y sin poder articular palabra... casi se ahoga de la risa, yo no podía más, me senté al lado de Coyote y simplemente disfruté viendo las cosas que hacía este niño y esperando con impaciencia la siguiente ocurrencia de un maestro (aunque él no lo sepa) del humor más inocente.
Me encanta ir a los campamentos, es genial poder aprender de todas y cada una de las personas con las que convives, desde el lobato más pequeño hasta el scouter más veterano. Un campamento son 15 días aprendiendo sin parar, las 24 horas del día... y todo eso sin pizarra, sin profesor, ni libros... todo jugando y pasándonoslo en grande...
Lo dicho... que este tío es un crack!!
Un niño no se aburre, cuando son bebés solo tienen que estirar sus manos y echarse uno de sus diminutos pies a la boca, cuando aprenden a caminar les basta un palo (de semáforo, o un árbol) lo cogen y se ponen a dar vueltas hasta que se marean, momento en el cual no muestran ninguna vergüenza en tirarse y revolcarse por el suelo. Son fantásticos, me encanta ver lo que se les ocurre. Hoy hablaré de uno de esos locos bajitos, uno, en mi opinión... especialmente especial... por ponerle un nombre, le llamaremos Fernandito.
Como diría Andrés Montes... "este tío es un crack!!", y lo digo con todo el respeto y la devoción que me infunde este chaval. Su inocencia y espontaneidad están años luz del resto. Coyote y yo hemos llegado a la conclusión de que este niño juega en otra liga, es un galáctico de las ocurrencias... y lo hace todo sin intención de ningún tipo, él sólo se dedica a ser él mismo. Cuando juega a hacer carreras no sigue ningún tipo de recorrido, claro, a él le han dicho que hay que llegar a aquel árbol desde este otro, pero no le han dicho que hay que ir en línea recta... así que se pone a dar vueltas, habla con las hormigas que se encuentran en su camino, pide perdón a las piedras por pisarlas y cosas así... es un genio.
No le importa saltar, bailar y demostrar lo feliz que está... deberíamos aprender todos de él a ser tan sinceros con nostros mismos, nunca se fija en las reacciones de los demás... si quiere saltar, salta; si quiere bailar, pues baila... es todo tan sencillo...
Ante tales muetras de sencillez y originalidad... qué otra reacción cabe esperar sino el asombro de todo aquel que le observa?... seguido de un tremendo descojone, pero ¡cuidado!, no es esa risa burlona y faltona... es de incredulidad (seguro que os reís cuando un mago hace un truco genial... pues él es ese mago).
Es impresionante, porque él hace gracia sin saberlo, él no sabe por qué se ríen los mayores, él se ríe cuando gana un juego, cuando pinta un dibujo o hace un taller. Simplemente fantástico. Sé que parece un niño normal, seguramente lo sea... pero hay que convivir con él para ver lo maravilloso de su pensamiento, espero que siempre vea las cosas con la misma sencillez.
Nunca se me olvidará el juego de relevos, Fernandito saltando a la comba como buenamente podía, emocionándose hasta límites incomprensibles por meter un aro en un palo, animando a sus compañeros de equipo, despistado y sin dar el relevo al siguiente compañero que tenía que salir... mientras, Coyote estaba literalmente en el suelo riéndose y sin poder articular palabra... casi se ahoga de la risa, yo no podía más, me senté al lado de Coyote y simplemente disfruté viendo las cosas que hacía este niño y esperando con impaciencia la siguiente ocurrencia de un maestro (aunque él no lo sepa) del humor más inocente.
Me encanta ir a los campamentos, es genial poder aprender de todas y cada una de las personas con las que convives, desde el lobato más pequeño hasta el scouter más veterano. Un campamento son 15 días aprendiendo sin parar, las 24 horas del día... y todo eso sin pizarra, sin profesor, ni libros... todo jugando y pasándonoslo en grande...
Lo dicho... que este tío es un crack!!




