Publicado el martes 26 de febrero de 2008 a las 16:10
Este es uno de los mejores cuentos que el gran Búfalo Salvaje nos contó...
"El discípulo, intrigado, preguntó al maestro cómo eran el cielo y el infierno. El maestro aceptó y se lo llevó... por ahí, no sé... de viaje astral.
Llegaron a un hermoso lugar, lleno de árboles frondosos y cesped verde y fresco, el aire era limpio y el ámbiente muy agradable. El maestro le dijo al discípulo que se encontraban en el infierno. El discípulo se asombró:¿cómo podía un lugar tan hermoso ser el infierno?. Se pusieron a caminar por un sendero marcado por piedras a los lados y mientras, escuchaban el trinar de los pájaros que les ayudaba a relajarse y a disfrutar del paseo.
Llegaron a una casa muy bonita, en mitad de un claro, llena de ventanales y grandes y ornamentadas puertas. El discípulo no salá de sus asombro, esa magnífica casa no podía ser del infierno. Además... de las ventanas y puertas salía un olor embriagador, olía a comida recién preparada, a pan recién horneado y suculentos manjares.
Entraron a la casa y observaron que toda la gente allí estaba demacrada, todos andaban encorbados, con caras cansadas sin ánimo por nada, todos delgadísimos en extremo, con ojeras y sus hambrientos estómagos no paraban de rugir. El maestro y el discípulo pasaron a un comedor dónde ya se encontraban bastantes comensales. El comedor estaba impecable, lleno de platos y peroles que contenían los manjares más deliciosos. Todo parecía perfecto. El discípulo no entendía cómo aquellas personas estaban tan demacradas con toda aquella comida.
Llegó el momento de comer, los comensales se sentaron a la mesa y el discípulo observó que no tenían cubiertos normales, sino que disponían de unas cucharas con grandes palos ya que los peroles eran inmensos y la comida estaba en el fondo de los mismos. Aquellas personas hambrientas llenaban sus cucharas y no podían llevarse la deliciosa comida a la boca, no llegaban a la parte de la cuchara que se mete en la boca y derramaban toda la comida.
El discípulo entendió que aquel sitio era muy hermoso pero el sufrimiento de aquellas personas era inmenso, al no poder comer toda aquella comida por culpa de esas cucharas tan grandes. El maestro le dijo que ahora se iban a ir al cielo, para que viese las diferencias.
Se volvieron a teletransportar a un lugar exactamente igual que el primero, el mismo pardo, el mismo camino, los mismos pajarillos acompañaban alegremente su caminata. Llegaron a una casa idéntica a la del infierno, olía exactamente igual. El discípulo pregunó al maestr si estaba seguro de que eso era el cielo, era todo igual al primer sitio que habían estado. El maestro le pidió paciencia, en seguida lo entendería.
A la hora de comer empezaron a llegar los comensales, allí todos estaban gorditos y felices, con las caras redondas y grandes sonrisas de felicidad, en absoluto tenían aquella impresión de hechos polvo que tenían los del infierno. El discípulo no entendía nada. Todo el mundo se sentó a comer y cogieron las largas cucharas, eran las mismas que las del infierno. Llenaron a rebosar las cucharas con la deliciosa comida y...
Cada uno dió de comer con su larga cuchara al compañero que tenía enfrente."
No busquemos un infierno peor o un cielo mejor del que podemos conseguir en vida. Depende de nosotros, lo cual es buena noticia para unos... y muy mala para otros.
Un dulce abrazo. El sábado me quedé con muchas ganas de repartir muchos abrazos... no sé qué me pasaba. :-Þ
Felicidades Pantera.
"El discípulo, intrigado, preguntó al maestro cómo eran el cielo y el infierno. El maestro aceptó y se lo llevó... por ahí, no sé... de viaje astral.
Llegaron a un hermoso lugar, lleno de árboles frondosos y cesped verde y fresco, el aire era limpio y el ámbiente muy agradable. El maestro le dijo al discípulo que se encontraban en el infierno. El discípulo se asombró:¿cómo podía un lugar tan hermoso ser el infierno?. Se pusieron a caminar por un sendero marcado por piedras a los lados y mientras, escuchaban el trinar de los pájaros que les ayudaba a relajarse y a disfrutar del paseo.
Llegaron a una casa muy bonita, en mitad de un claro, llena de ventanales y grandes y ornamentadas puertas. El discípulo no salá de sus asombro, esa magnífica casa no podía ser del infierno. Además... de las ventanas y puertas salía un olor embriagador, olía a comida recién preparada, a pan recién horneado y suculentos manjares.
Entraron a la casa y observaron que toda la gente allí estaba demacrada, todos andaban encorbados, con caras cansadas sin ánimo por nada, todos delgadísimos en extremo, con ojeras y sus hambrientos estómagos no paraban de rugir. El maestro y el discípulo pasaron a un comedor dónde ya se encontraban bastantes comensales. El comedor estaba impecable, lleno de platos y peroles que contenían los manjares más deliciosos. Todo parecía perfecto. El discípulo no entendía cómo aquellas personas estaban tan demacradas con toda aquella comida.
Llegó el momento de comer, los comensales se sentaron a la mesa y el discípulo observó que no tenían cubiertos normales, sino que disponían de unas cucharas con grandes palos ya que los peroles eran inmensos y la comida estaba en el fondo de los mismos. Aquellas personas hambrientas llenaban sus cucharas y no podían llevarse la deliciosa comida a la boca, no llegaban a la parte de la cuchara que se mete en la boca y derramaban toda la comida.
El discípulo entendió que aquel sitio era muy hermoso pero el sufrimiento de aquellas personas era inmenso, al no poder comer toda aquella comida por culpa de esas cucharas tan grandes. El maestro le dijo que ahora se iban a ir al cielo, para que viese las diferencias.
Se volvieron a teletransportar a un lugar exactamente igual que el primero, el mismo pardo, el mismo camino, los mismos pajarillos acompañaban alegremente su caminata. Llegaron a una casa idéntica a la del infierno, olía exactamente igual. El discípulo pregunó al maestr si estaba seguro de que eso era el cielo, era todo igual al primer sitio que habían estado. El maestro le pidió paciencia, en seguida lo entendería.
A la hora de comer empezaron a llegar los comensales, allí todos estaban gorditos y felices, con las caras redondas y grandes sonrisas de felicidad, en absoluto tenían aquella impresión de hechos polvo que tenían los del infierno. El discípulo no entendía nada. Todo el mundo se sentó a comer y cogieron las largas cucharas, eran las mismas que las del infierno. Llenaron a rebosar las cucharas con la deliciosa comida y...
Cada uno dió de comer con su larga cuchara al compañero que tenía enfrente."
No busquemos un infierno peor o un cielo mejor del que podemos conseguir en vida. Depende de nosotros, lo cual es buena noticia para unos... y muy mala para otros.
Un dulce abrazo. El sábado me quedé con muchas ganas de repartir muchos abrazos... no sé qué me pasaba. :-Þ
Felicidades Pantera.


6 comentarios:
un cuento precioso.
lo desconocía.
Cuando te vea te hicho a abrazos. NIngún hermano scout se queda sin sus abracetes...
Un cálido abrazo(intro)
A medida que iva leyendo, me estaba acordando de haberlo escuchado más de una vez.
Creo que es de los pocos que conozco y que no se me olvidan.
Hoy... Un beso, y muchos, muchos abrazos.
me ha encantado el cuento..sip!te abre los ojos
muxos saludoos!
miriiam!
un cuentoo muy bonitoo^^
yo tb keriaa repartir abrazoss pero lo are este sbd XD
yo kieroo abrazosss jajaja...me sientan bienjajaa
un besazoo!!!
Esta historia también la había escuchado. Super chula jeje. Nos vemos este sábado. Un abrazo
Una historia genial digo lo mismo q empar cuanto mas la leia mas me daba cuenta de que la habia escuchado.
Muy bonita.
una abrazo.
PD: estuvimos comentando con nuestros colegas lo de hacer una partida y meterte, el plan está en proceso y estaria bien que fuese en algun puente o fiesta.