Publicado el viernes 27 de noviembre de 2009 a las 08:26
"Tras recibir cientos de bajas por fuego enemigo, el pelotón huyó por la selva hasta encontrar un lugar seguro. Luego emprendieron la marcha hasta el campamento base, allí los equipos sanitarios empezaron a sanar a los heridos y los oficiales hicieron recuento de bajas y analizaron la situación.
El soldado se presentó a su oficial con la siguiente petición:
-Señor, permiso para volver al campo de batalla.
-Soldado, está usted loco?, la plaza está tomada, en estos momentos el enemigo es quién controla esa posición, no enviaré a uno de mis hombres a una muerte segura. Dígame, por qué quiere usted regresar?
-No encuentro a mi compañero, lo he buscado entre los heridos y no está. Temo que le haya pasado algo y todavía se encuentre entre los que dejamos atrás.
-No es motivo suficiente para arriesgar su vida, probablemente su amigo ya esté muerto, permiso denegado soldado. Llore la muerte de su amigo.
Esa misma noche el soldado desobedeció al oficial y marchó de nuevo al campo de batalla dónde esperaba encontrar a su amigo.
A los tres días apareció el soldado de nuevo en el campamento base. Estaba gravemente herido, con la cara sangrando, cojeando y visiblemente moribuno. Portaba en sus hombros el cuerpo de un hombre. Ya no llevaba nada de su equipo ni su fusil.
Al verlo, el oficial corrió a ayudarle. Entre los dos dejaron el cuerpo en el suelo. El oficial se giró hacia el soldado y le dijo muy enfadado:
-Soldado, desobedeció mi orden y ahora mírese, está malherido y no sé si los médicos podrán curarle. Y todo para qué? Para traer el cuerpo de su amigo? Por culpa de su desobedencia he perdido a dos hombres... dígame soldado, ha valido la pena?
-Sí señor, ha valido la pena. Cuando llegué al campo de batalla encontré a mi amigo agonizando, pero todavía estaba vivo. Nada más verme me sonrió y justo antes de morir me dijo: "Sabía que vendrías".
En ese momento, tras dar la explicación al oficial, el soldado murió."
Hoy va por todos aquellos que regresarían al campo de batalla a por su compañero probablemente muerto. Pero sobre todo para aquellos (probablemente muertos) que confiarían en que su amigo volviese para tratar de salvarle o, al menos, despedirse.
El soldado se presentó a su oficial con la siguiente petición:
-Señor, permiso para volver al campo de batalla.
-Soldado, está usted loco?, la plaza está tomada, en estos momentos el enemigo es quién controla esa posición, no enviaré a uno de mis hombres a una muerte segura. Dígame, por qué quiere usted regresar?
-No encuentro a mi compañero, lo he buscado entre los heridos y no está. Temo que le haya pasado algo y todavía se encuentre entre los que dejamos atrás.
-No es motivo suficiente para arriesgar su vida, probablemente su amigo ya esté muerto, permiso denegado soldado. Llore la muerte de su amigo.
Esa misma noche el soldado desobedeció al oficial y marchó de nuevo al campo de batalla dónde esperaba encontrar a su amigo.
A los tres días apareció el soldado de nuevo en el campamento base. Estaba gravemente herido, con la cara sangrando, cojeando y visiblemente moribuno. Portaba en sus hombros el cuerpo de un hombre. Ya no llevaba nada de su equipo ni su fusil.
Al verlo, el oficial corrió a ayudarle. Entre los dos dejaron el cuerpo en el suelo. El oficial se giró hacia el soldado y le dijo muy enfadado:
-Soldado, desobedeció mi orden y ahora mírese, está malherido y no sé si los médicos podrán curarle. Y todo para qué? Para traer el cuerpo de su amigo? Por culpa de su desobedencia he perdido a dos hombres... dígame soldado, ha valido la pena?
-Sí señor, ha valido la pena. Cuando llegué al campo de batalla encontré a mi amigo agonizando, pero todavía estaba vivo. Nada más verme me sonrió y justo antes de morir me dijo: "Sabía que vendrías".
En ese momento, tras dar la explicación al oficial, el soldado murió."
Hoy va por todos aquellos que regresarían al campo de batalla a por su compañero probablemente muerto. Pero sobre todo para aquellos (probablemente muertos) que confiarían en que su amigo volviese para tratar de salvarle o, al menos, despedirse.

Mañana, curso de supervivencia. Si sobrevivimos, lo contaremos. Si no, espero que alguien cuente nuestras hazañas con un mínimo de cariño.
Un abrazo.
Un abrazo.


















